martes, 9 de junio de 2015

Violencia repentina.


Hoy he visto un acto de brutalidad delante de mis narices. Un chico de unos 30 años pegaba patadas repetidamente a un coche en el que iba montado un señor mayor. Todo esto ocurría en la carretera, durante el tiempo en el que el semáforo estaba en rojo. Yo iba en otro coche, con mi padre, mi tía y mi hermana, y al acercarnos a la escena nos hemos quedado a cuadros.

Es cierto que no conozco la situación anterior al ataque de violencia, y no sé quien tenía o no razón en lo que parecía ser una disputa. Pero incluso si el atacante la tuviera, ¿Qué le mueve a liarse a patadas con el coche del otro? ¿Qué hace que una persona pierda los papeles de esa manera?

Soy de la opinión de que un acto de violencia nunca está justificado. Pase lo que pase, nunca se debe tratar de dañar a otra persona. La venganza (caliente o fría, da lo mismo), no es buena para nadie. Es cierto que en ocasiones es prácticamente imposible controlarnos, por lo que debemos comprenderlo, pero también intentar dañar lo menos posible.

Deberíamos tratar de construir en lugar de destruir, bastante difíciles están ya las cosas como para complicarnos más entre nosotros. ¿Tan difícil es ser amable? ¿Ponerse en el lugar del otro?

Yo no soy perfecta. Es más, estoy muy pero que muy lejos. Yo antes tenía ataques de ira, y sé lo difícil que es controlarlos. Sé que se te sube toda la sangre a la cabeza y que tienes mucho calor, y sé que sientes como si nadie escuchara lo que tienes que decir, y como si la única solución fuera gritar.

Sé que es difícil, pero todos tenemos que intentar ayudar a los demás. El control y la empatía son los básicos para que la humanidad tenga algún futuro que merezca la pena.

Por favor, seas quién seas, estés donde estés. Ayuda siempre. Sé amable. Sonríe y comprende. Sé tolerante, y serás feliz.

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